Nuestros outgoings (experiencias)

María Funes, Serbia 2018

Mi nombre es María Funes y en julio de este año 2018 viví una de las experiencias vitales más importantes de mi vida.

Aunque pueda parecer exagerado, todo el proceso que requiere la preparación para vivir un mes en el extranjero, y en sí, el propio mes que pasas fuera de casa –era mi primera vez viviendo realmente fuera- te hace crecer en muchos sentidos.  Y lo cierto es que no imaginaba que Serbia se iba a convertir en mi segunda casa. Desde la primera noche que aterricé a las 4 am hasta la madrugada del 31 de julio que dije adiós fueron todo experiencias que jamás olvidaré. Personas de diez nacionalidades diferentes en un hospital estilo soviético aprendiendo medicina en un inglés con marcado acento serbio y mucho café turco. Compartir confidencias, organizarse para comer o cenar, improvisar con cerveza y música serbia en cualquiera de los balcones de nuestra casa cualquier día de la semana se convirtió en rutina en pocos días.

No creáis que se lleva del todo bien lavarte por primera vez para asistir una operación el día después de haber cerrado una discoteca y haber invitado a tus amigos a chupitos de tequila. Hablar de mi experiencia con la medicina allí sería hablar de todos los médicos que hacen posible una atención muy humana con pocos recursos. Desde la toma de contacto hasta la despedida se hicieron cargo de mi aprendizaje y pude integrar conocimientos de otras especialidades por la buena disposición de otros médicos que fui conociendo durante todo el mes. Y lo mejor es que lo haces en la compañía de un amigo con el que perderte por el hospital o aprender a dar puntos sobre un trapo lleno de agujeros. Además de Serbia, tuve la suerte de poder viajar a países como Hungría, Montenegro, Croacia y Bosnia, y es algo que recomiendo a todo aquel que quiera conocer otras culturas y disfrute mucho las innumerables horas de autobús.

Como en todo, esta experiencia no habría sido igual de no haber sido por las personas que conocí y que, meses después, continúan siendo parte de mi vida. Nunca habría pensado tener tanto en común con personas de lugares tan remotos, y poder tener una historia tan increíble que contar en una ciudad perdida del este europeo.

Álvaro Díaz, Grecia 2018

Desde que supe que existía la posibilidad de hacer un intercambio con IFMSA tuve claro que era uno de mis objetivos en la carrera, y cuando por fin se me presentó la oportunidad de participar en uno, no me lo pensé dos veces. Ahora, una vez realizado, no puedo estar más contento. La verdad que no importa cuál sea tu razón para hacerlo porque ya sea ampliar tu formación médica e investigadora, practicar un idioma, conocer gente nueva, etc., todas ellas se verán cumplidas con creces.

Para mí, el intercambio fue una experiencia que ha tenido repercusión en todos los aspectos de mi vida. Es una oportunidad para conocerte a ti mismo y cambiar ciertos prejuicios que tenías sobre ti. Por eso no importa si no conoces a nadie de los que van o si ninguno de tus amigos se anima a ir, porque lo que te espera allí por sí solo merece la pena.  

Además, aunque un mes pueda parecer mucho tiempo a priori, es todo tan intenso y vives tantas cosas que cuando te das cuenta ya estás preparando la maleta para volver y pensando cuál será tu próximo destino de intercambio.

Por todo esto, solo puedo animar a todos aquellos que se lo estén pensando a que dejen atrás todas las dudas, que es normal tener, y vivan esta experiencia única.

Jesús López, Polonia 2018

Soy Jesus Lopez, vengo a contar lo que viví el pasado agosto, junto con mi compañera de clase Andrea, gracias a IFMSA.

Todo comenzó unos meses antes cuando acudí al reparto de intercambios sin demasiada esperanza por conseguir ningún destino, pero a la vez ilusionado por si conseguía hacerlo. Finalmente, como habréis deducido por lo dicho al principio, lo hice.

No voy a decir que al hacerlo no me asustara un poco; nunca había viajado tanto tiempo y eso la verdad es que me generaba un poco de respeto, pero a la vez sentía que iba a ser una de las experiencias más satisfactorias de mi vida y algo que nunca iba a olvidar. El sentimiento de ilusión y ganas por irme se antepuso a ese pequeño temor que sufría, fue entonces cuando separaba ansioso que agosto llegara y casi no podía pensar en otra cosa (craso error por mi parte ya que parecía haber olvidado que estoy estudiando un grado que precisamente fácil no es).

Tras volver a la tierra de nuevo y centrarme en estudiar y esas cosillas que uno hace en la facultad, llegó el momento de ir haciendo todo el papeleo necesario para poder irme; he de decir que por muy duro que parezca no tiene tanta dificultad, todos al final somos capaces de sacar tiempo para hacerlo.

Ya, por fin, acabado el curso, Andrea y yo pusimos rumbo a Polonia (no sin antes parar en alguna ciudad que otra y sufrir algunos contratiempos). Una vez allí, nos sentimos como en casa desde el principio; la ciudad a priori no ofrecía mucho e íbamos algo desilusionados por eso, pero nada mas lejos de la realidad, resultó ser uno de los lugares en los que, al menos yo, más cómodo me he sentido.

No quiero extenderme mucho, necesitaría muchísimas páginas para describirlo todo, cada momento vivido con las maravillosas personas que allí conocí, cada práctica en el hospital, cada palabra en ese idioma del demonio que es el polaco, cada viaje casi improvisado de fin de semana, cada combinación de bebida rara, cada noche hablando hasta tarde aún sabiendo que al día siguiente en el hospital ibas a parecer un zombie…

Un intercambio son momentos y son personas; es algo que no vas a olvidar nunca y que no te arrepentirás jamás de haberlo hecho. Lo único que puedo decir es que os animéis, no tengáis miedo y aprovechéis esta maravillosa oportunidad que se os pone al alcance de la mano.

Sonia Rodríguez, Eslovaquia 2018

Si estás leyendo esto, seguramente haya pasado por tu mente la idea de irte de intercambio, pero hay algo que aún te hace dudar. Si quieres escuchar mi experiencia, solo puedo decirte que viví uno de los meses más espectaculares de mi vida y que, desde que regresé, mi valoración y mis recuerdos no han hecho más que crecer. Y no solo por haber descubierto kilómetros de lugares preciosos en otras partes del mundo junto con increíbles futuros compañeros de profesión (y remarco compañeros, porque es una experiencia que crea un vínculo muy grande con quienes te acompañan en el viaje), sino por todo el crecimiento y el aprendizaje que traje conmigo.

Sé que puede sonar como un tópico muy repetido, pero ahora entiendo por qué tanta gente dice lo mismo…Te aseguro que no va haber día que no aprendas algo nuevo, día que no exista una anécdota con la que reírte, día que no veas algo que ya conocías de forma distinta, y día que no te asombres de lo genial que es la diversidad del mundo. Incluso si no vas al país o a la ciudad que al principio querías, al final vas a alegrarte y a no querer cambiar nada.

Y ya, sin más, te recomiendo dejar de dudar y lanzarte a la aventura. ¡Es de las que valen!

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